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EL JARAMA 7 de 10 sobre un total de 98 puntuaciones.
portada de EL JARAMA

EL JARAMA

  • fecha de publicación: 1955
  • Título original: El Jarama

Puntuación media 98 votos

7

  • 3 reseñas
  • 98 votos
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Sinopsis de EL JARAMA

«EL JARAMA inagura una nueva época de la narrativa española incorporando a una historia de apariencia realista una técnica absolutamente realista. Once amigos madrileños deciden pasar un caluroso domingo de agosto a orillas del Jarama. A partir de ahí la acción se desarrolla simultáneamente en la taberna de Mauricio -donde los habituales parroquianos beben, discuten y juegan a las cartas- y en una arboleda a orillas del río en la que se instalan los excursionistas. Durante dieciséis horas se suceden los baños, los escozores provocados por el sol, las paellas los primeros escarceos eróticos y el resquemor ante el tiempo que huye haciendo inminente la amenaza del lunes. Al acabar el día, un acontecimiento inesperado colma la jornada de honda poesía y dota a la novela de una extraña grandeza.»

EL JARAMA (3 reseñas)

Slictik

el 7 de febrero, 2014 a las 12:45 pm

Esta novela es un icono de la novela realista de posguerra en España. Como sucede con el realismo, tiene sus puntos fuertes y sus puntos muy débiles. Si bien está lejos del tremendismo de la Familia de Pascual Duarte de Cela, la descripción del ahogamiento, sobria, fría, distante, “realista” es para mí uno de sus mayores méritos. Llega a producir un impacto mucho mayor que si la descripción se hiciese de forma emocional en la primera persona de uno de los testigos. La crueldad de la vida no podría ser mejor descrita que ese “mecanicismo” del comportamiento de los testigos y de la comisión judicial, que conozco bien por mi trabajo.

Ahora bien, el realismo tiene para mí unas debilidades evidentes y muy difíciles de sobrellevar por el paciente lector. Cuando en determinados momentos he sentido la tentación de hacerme un pequeño índice de personajes, para “aclararme”, he visto con meridiana claridad que no funcionaban y no podían funcionar. Cuando al lector le da lo mismo que se llame Luis o Javier o Lucita o María o lo que sea, es que el personaje no tiene la menor entidad, es como un títere en manos del autor. Cuando en la narración aparece un personaje y se llame como se llame ya no se nos despinta cuando vuelve a aparecer y le reconoceríamos incluso en una noche oscura y sin luna, es que el personaje funciona, tiene carne, está vivo.

Los personajes del Jarama solo son nombres, no funcionan, sabemos poco de ellos y tampoco nos apetece saber mucho más, son aburridos, sosos. Aparentemente todos son muy reales, muy de su tiempo, pueden hablar el lenguaje coloquial y expresar sus preocupaciones muy realistas de aquel momento histórico, pero no calan en el espectador que no siente la menor empatía por ellos. Le da un poco igual lo que les suceda y si la ahoga es Lucita o la otra o la de más allá. No se ha identificado con nadie y la historia se lleva a trompicones.

Es el problema del realismo. Todo parece muerto, sí está muy bien descrito el paisaje, la pared, los gestos de los personajes, las palabras, pero es una realidad sin vida, sin interés. Nos daría igual que nos soltaran unas estadística sobre la vida en la España de los años 50 o 60. Cuando el lector no sufre con los personajes, no se alegra con sus alegrías ni tiene el alma en vilo por lo que le va a pasar, la historia puede ser muy realista, bien llevada, con excelente estilo, una “monada realista” pero nunca te atrapa. Puede que el autor realista sufra mucho intentando controlar al narrador, que intenta sea lo más objetivo posible, lo más verosímil, lo menos “omnisciente” posible. Pero eso, lo queramos o no, hace perder intensidad emocional a la historia, los personajes pierden carne y se convierten en nombres o títeres. El monólogo interno de Joyce puede ser muy inverosímil o aburrido, pero nos aproxima al personaje. La descripción emocional de las situaciones, desde el punto de vista de los personajes, puede ser muy inverosímil, desde el punto de vista de una historia realista, pero la hace tan próxima que hay escritores que renunciaríamos a cualquier verosimilitud para que nuestros personajes se hicieran próximos y humanos.

En resumen, una novela que hay que leer para saber qué el es realismo y la novela realista española y porque ya forma parte de la historia de la literatura española, pero de verdad que uno encuentra poco placer en ella, como mirar un paisaje con los ojos de un agrimensor.

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KementariProfile photo of Kementari

el 5 de septiembre, 2009 a las 11:02 pm

Me ocurre como con los bodegones y las naturalezas muertas: veo la maestría en el trazo, el reflejo del agua, los colores y la simbología. Pero no me gustan y me resultan hasta desagradables.

ruben_saProfile photo of ruben_sa

el 13 de mayo, 2009 a las 12:27 pm

La novela dice mucho sin decir aparentemente nada. El lector receptivo se cansará de leer entre líneas y de sacar interpretaciones. Sigue a rajatabla las características de la novela realista española de los cincuenta (protagonista colectivo, un narrador tan frío como una cámara fotográfica, predominio del diálogo). Lo mejor, la recreación de las formas de hablar de los distintos grupos (no se molesten en tener al lado el diccionario de la RAE, la mayoría de las expresiones no aparecen) y el sonido del río omnipresente detrás de todo.

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