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Como si Roger y Melody no tuvieran sus propios problemas domésticos, una figura del pasado hace su majestuosa aparición quebrantando estructuralmente su matrimonio. El sufrimiento de Melody y la ira de Roger ante la fragilidad de su unión impregnan cada página de un furor de emociones: rabia e impotencia, celos e inseguridad, tristeza y siempre pasión, pasión y pasión cumpliéndose la predicción de Madame Odile acerca del ardor inherente a los hijos de Marte. La vida amorosa de Roger y Melody se traslada de una propiedad hacia otra, al vaivén de los conflictos domésticos que se presentan y de la vacilación de Melody. Finalmente, por obra y gracia de la autoridad del Emperador, que hace gala de su borrascoso carácter, Roger establece un estrepitoso e inapelable dictamen y ambos se asientan nuevamente en El Retiro y… ¡¡al mismísimo demonio toda formalidad, moralidad, buenas costumbres y el mundo entero!!

Siempre invisible, pero presentida y temida por el lector, casi siseante, La Cobra acecha a su presa… el Escorpión Negro. ¿Quién es La Cobra? ¿Es éste o aquel? El argumento mantiene al lector en vilo, observando a todos los nuevos personajes que aparecen, buscando el rastro de La Cobra.

En “El puerto de las tormentas”, como haciendo honor a ese epígrafe, se muestra en pleno escenario marítimo al Capitán Black, al Roger corsario, cuya esplendorosa flota se traslada desde el Río de la Plata hasta la Inglaterra de su sangre. En el escenario del Océano Atlántico es donde La Cobra, utilizando el talón de Aquiles de su presa, se lanza sobre el Escorpión Negro y se resuelve el más esperado conflicto y misterio de la novela: ¿Qué sucederá con el Escorpión Negro y el Sicario?

Florencia Bonelli despliega un conflicto tras otro, un nuevo problema que incita a seguir su evolución hasta que ¡se resuelva de una vez por todas! , haciendo imposible abandonar la novela hasta llegar al desenlace de cada dificultad. Se desentrañan todas las tramas secundarias, presentida o inesperadamente, otorgándole a la novela pequeños puertos a los cuales arribar en cada parte del argumento, pero sin opacar jamás a la guinda del pastel: la historia de Roger y Melody.

Se evidencia con fuerza en esta parte la juventud de Melody, en sus inseguridades y sus celos, en su vulnerabilidad a flor de piel por su embarazo, en sus complejos, incluso en sus caprichos. Melody sufre y cela. Melody odia y provoca. Se trata de un toque fundamental para mostrar la otra cara del Ángel Negro, no solo la de su bondad, también la de su humanidad. Roger es el depositario de todos sus desquites, los justos y los mezquinos.

También en esta segunda parte se ve con intensa claridad una faz fundamental de Roger que venía avizorándose implacablemente en la primera parte de la obra: su costado político, influenciado por su personalidad y por su educación occidental. En toda la obra se confirma que Roger Blackraven es muchas cosas: es empresario y es espía, es corsario y es noble, es bastardo y es nieto de reyes. En “El puerto de las tormentas” se manifiesta en su esplendor la capacidad política del Emperador, tan fundamental en esa escabrosa época. Roger Blackraven es un político como ninguno, un hombre que sabe caminar por la línea justa en la que no se enemista ni se compromete verdaderamente con nadie y es observado por todos. Siendo inglés en la Buenos Aires de 1807, no pertenecer al bando de Dios o del Demonio (los independentistas o los colonialistas) es una empresa compleja. Pero la fuerza y el poder económico y político de Roger, con el as bajo la manga de su desconocido origen real, logran, a duras penas, mantenerlo todo el tiempo en el justo sendero que él eligió caminar: el de nadie, el propio.

Sin arrepentimientos, sin remordimientos, siguiendo el código de su propia moral, Roger cuida de sus intereses, negociando o amenazando, velada o directamente, con palabras o con hechos. Departe con Martín de Álzaga, con William Beresford, con Santiago de Liniers, con Mariano Moreno y con Juan Martín de Pueyrredón. Hasta con el mismísimo Boney negocia el Cuarto Arcano. La habilidad con la que Florencia Bonelli ha dibujado este costado político de su personaje principal, es admirable. La sutileza de las palabras que utiliza para hablar con segundas intenciones, ocultando una amenaza detrás de las más exquisitas señas de noble inglés, como si de una araña tejiendo una tela se tratara, es magnífica. Más allá de la fabulosa trama creada en el medio de una meticulosa investigación sobre el contexto histórico, la fuerza de la personalidad de los actores se salta las páginas, tocándonos las vísceras en un arrebato de amor o de odio, de deseo o de ira.

Una obra majestuosa es “EL CUARTO ARCANO” en su completitud. No escatima en nada: en escenarios, en conflictos, en aventuras, en dificultades a sortear, en humanidad, en reflexiones de sus personajes, hasta en suspenso. La investigación de contexto es inmaculada por la naturalidad con la que el lector se pierde en la trama, logrando que el corazón nos bombee al ritmo de las pasiones. Sólo una obra que no nos hace ruido en los cimientos y en la estructura sobre la cual se arma, puede hacer que el lector pueda sentir, juzgar, compartir o despreciar a sus personajes.

Florencia Bonelli logró en “EL CUARTO ARCANO”, la historia de amor que se había propuesto contar: la de dos personas polos opuestos tanto física como intrínsicamente. Tan estruendoso es él como sosegada es ella, tan brillante como un pavo real es El Emperador, como humilde es el Ángel Negro. A una mujer criolla mansa y bondadosa sin otro poder que el de su fuerte voluntad, la amó hasta la obsesión un hombre dirigente de vidas o muertes, el espía más buscado de Europa.

“EL CUARTO ARCANO” tiene dotes de Emperatriz, como Emperador es su personaje principal. A mi juicio, se trata de la obra más sofisticada de Florencia Bonelli , la más cosmopolita y sin lugar a dudas la más compleja, con aires de Europa y de África y con el olor de los primeros criollos, los que lucharon por la independencia del país.

Finalmente, vuelvo a detenerme en Roger Blackraven. En peores o en mejores términos, subrepticia o esplendorosamente, Roger Blackraven despliega sus dotes de Emperador. Amado y odiado, admirado y temido este personaje, este hombre, el Escorpión Negro, the Capitan Black, Alejandro de Bravante, Roger Blackraven, el Emperador… es el corazón de esta novela y es definitiva e irrevocablemente la carta que el destino le deparó a Melody Maguire: EL CUARTO ARCANO.
 

Título original: El cuarto arcano - El puerto de las tormentas
Fecha de publicación: 2007
ISBN: 0

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Opiniones (2)
  1. Avatar de Pilar González

    Me ha resultado u poco más pesada que la primera parte, pero aún así consigue enganchar con la magia de sus historias. […] Leer más →
  2. Avatar de susana alebuena

    muy entretenido […] Leer más →