Edward Rutherfurd se adentra con Sarum en los entresijos de la civilización británica: como escenario elije las tierras de Wiltshire, y las ancestrales estructuras de Stonehenge y la catedral de Salisbury como estandartes de la determinación de un pueblo a través de los tiempos.
Nos recuerda que son los destinos individuales los que trazan día a día las profundas directrices de la historia.
