AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA



Por: Michel Houellebecq


Título original: Extension du domaine de la lutte
Publicación: 1994 (trad. cast. Encarna Castejón, Editorial Anagrama, 1999)
Editorial:
ISBN: 9788433966902

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Puntuación: 7.67 de 10
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y 3 reseñas

INFO/SIPNOSIS CRÍTICA ETIQUETAS ESTADÍSTICAS PARTICIPACIÓN

«A pesar del silencio crítico inicial, la novela se fue convirtiendo en un libro de culto, obtuvo premios (y lectores) y Houellebecq, una voz totalmente nueva en la narrativa contemporánea, se vio catapultado a portavoz de su generación. El narrador de AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA es un ingeniero informático de 30 años, hastiado por su trabajo, que debe vender a sus posibles clientes las delicias de las nuevas tecnologías... Es un antihéroe que ha dejado de luchar, que espía apenas a sus congéneres, que se desliza hacia la depresión; lleva dos años de castidad, se refiere a "las mujeres que me abrían sus órganos" con tanta repugnancia como cuando habla de las egoístas psicoanalizadas...»


Reseñas
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Niloe, 18 de Noviembre de 2008, Puntuación: 9


Este libro es terrorífico. Comienza apático, y termina dejándote impactado. Quizás su mejor novela.


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sordido, 21 de Julio de 2009, Puntuación: 6

SABOR AMARGO

Una descripción depresiva y desmoralizante de la sociedad actual y de los individuos que la componen. Muy dura. Deja un sabor amargo.


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RamonRR, 18 de Julio de 2010, Puntuación: 8

AMPLÍELO QUIEN PUEDA!

¡Chapó por Houllebecq! Y lo elogio porque hacía tiempo que no leía algo tan atrevido como lo que escribió en su momento este personaje. Narrar lo que se piensa, saliéndose de los formalismos que marcan al narrador de nuestros días, sin miedo a que lo adjetiven y coloquen en el cajón de los perdedores. Bendito cajón si todo lo que tengan que contar los que están en él, tiende a aproximarse a lo que se lee en esta novela. A ratos desternillante, a ratos aburrida; ora desesperante, ora sorprendente; quien no sepa identificar un estado depresivo, aquí tienen un espejo. Es como estar viviendo esta depresión a través de la vida de otro. Con lo pisoteada que está esta triste enfermedad, sería bueno que a través de textos como este, se la empezase a respetar en la medida que se merece; y tengo en mente a esos parásitos caraduras, que se aprovechan de lo difícil que es contradecir a quien se declara deprimido, para tomarse unas vacaciones a costa del erario publico, o forzar un despido, con la consecuente indemnización, utilizando la depresión como herramienta “de presión”. Para el que verdaderamente sufre este cuadro, le es aún más difícil de llevar, gracias a lo poco creíble que resulta, después de haber sido la excusa perfecta, para conseguir pasta o tiempo libre, de los pícaros modernos. A este tipo de rapaces les digo: ¡lean a Houllebecq, y sientan vergüenza! A los demás, ¡señores, léanlo y disfruten! Las primeras veinte páginas por sí solas ya merecen la pena, y serán de obligada relectura al terminar el libro. Pero es que, en general, no tiene desperdicio ningún capítulo del libro. Hasta la parte central, que a veces se hace lenta, forma parte de la estructura que nos introduce en lo tedioso de la vida del personaje: viajes que no llevan a ningún sitio, más que al punto de partida; la vida como una explosión que se va apagando, siendo observadores conscientes de este viaje hacia la muerte. Por otra parte, no se puede hablar de este libro sin hacer una destacada mención al sexo. Según palabras del autor, este forma un sistema de diferenciación tan implacable como el formado por el dinero, que nos representa a los vencidos (feos, tímidos,…) como fenómenos de empobrecimiento absoluto, que se ven abocados a no tener mas sexo que el que se paga o la solitaria masturbación. Quien no haya estado alguna vez en este grupo de los vencidos que tire la primera piedra. Hay un personaje, Tisserand, que quedará en nuestro recuerdo para siempre, por su perseverancia en querer dejar este desfallecido grupo. Añado una frase que utiliza el propio personaje para definirse: “…siempre he sentido, con las mujeres que me habrían sus órganos, una especie de leve reticencia; en el fondo yo apenas representaba para ellas otra cosa que un remedio para salir del paso”. No se si este autor sigue manteniendo el mismo estilo frío y a veces cruel, que usa en este libro, o se ha dejado dulcificar con el paso del tiempo, pero por mi parte, me he quedado con ganas de más. Ya tengo encargado el siguiente que escribió…


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