EL TEMPLO DEL ALBA (EL MAR DE LA FERTILIDAD #3)



Por: Yukio Mishima


Título original: ??? (Akatsuki no tera)
Publicación: 1970
Editorial:
ISBN:

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Puntuación: 7.5 de 10
sobre 6 votos
y 2 reseñas

INFO/SIPNOSIS CRÍTICA ETIQUETAS ESTADÍSTICAS PARTICIPACIÓN

Tercer volumen de la tetralogía EL MAR DE LA FERTILIDAD (????; Hojo no umi).

«Obra transida de espiritualidad oriental a la vez que malévolo retrato del Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, EL TEMPLO DEL ALBA es una novela que, como las del resto de la serie, participa de un torrente de belleza y pasión, de crueldad y poesía, de espíritu y materialidad.»


Reseñas
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Minaith, 11 de Agosto de 2009, Puntuación: 8

COMPLICADO

Este libro es complejo para los occidentales, me parece que hay cosas que resultan más lejanas que el nacionalismo místico del tomo anterior. Hay unas cuantas y densas páginas sobre hinduismo y budismo en sus distintas escuelas, y unos cambios de ritmo bastante notables, a veces geniales. El protagonista, Honda, que venía siendo más o menos anodino, cobra peso y pensamientos extraños al acercarse a la senectud. En cuando a la guerra, apenas se mencionan un par de bombardeos corrientes y algunas ruinas. Nada de tragedias y patetismos estilo español. Hay unos cuantos matices de horror, pero no por la guerra. Un libro que no llega a hacerse pesado, pero que flojea comparado con "Nieve de primavera" y "Caballos desbocados".


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Kementari, 10 de Noviembre de 2009, Puntuación: 9

SIN ALIENTO

Esta vez, Mishima te hace meditar, pensar, buscar en el diccionario los nombres que no conoces y analizar cuánto hay de tu propia búsqueda en la de Honda; para a continuación, arrojarte a las más profundas simas de la depravación y lo peor de todo es que imaginas la sonrisa superior y malévola del autor mientras pasaba sin transición perceptible de una cosa a otra. Conejillo incauto en los laberintos de Mishima, contemplas a tu querido Honda mientras él también es un contemplador, te hallas preguntándote cuándo ocurrió, cómo pasaste tú... y él... de pensar en el samsara a buscar una constelación de negras estrellas en un universo dorado. Condenado Mishima. Supongo que no volvió a acordarse de Heráclito. Dios, este tío era un genio.


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