Entrelectores / Blog / eso-no-es-sexo

Eso no es sexo

17/05/2017

Opinión

Queridas autoras, queridos autores, editores y editoras del mundo: lo sentimos, pero en vuestro juego no todo vale.

 

La literatura erótica vuelve a estar de moda. Esto no debería suponer un problema pero la realidad es que lo supone. Tranquilos, no vamos a sustentar esta argumentación en reaccionarismo barato y costumbres atávicas. El sexo es salud, hablemos de él, recorramos los vértices más íntimos de dos cuerpos que se anudan, escuchemos y narremos los jadeos y los gritos de placer que estallan cuando dos personas follan de verdad. Hagámoslo, pero hagámoslo bien.

 

Diría que todo es culpa de una industria del cine empolvada, arcaica y simplona, pero me estaría equivocando. Es culpa de una mayoritaria sociedad que quiere abrir la boca y engullir cine y literatura resuelta. A esa medida, ni más ni menos, se han tejido las novelas (y, por desgracia, películas) eróticas que han vuelto a poner el género de moda. Una parcela en la que el nombre de mujeres a pie de novela se ha coronado y en la que ellas llevan la pluma cantante.

 

¿Por qué nos empeñamos en tirar piedras a nuestro propio tejado? ¿Por qué, si todos conocemos la verdad que se esconde tras las sábanas revueltas y mojadas, contamos una historieta de Disney disfrazada de ‘adulta’?

 

Todo se construye bajo el mismo patrón: chica de veinticinco años con corazón de quince conoce a tío con traje tras el que se esconde una infancia de mierda. Es él quien enseña a ella qué es follar. Vamos a dejar a un lado el cochambroso machismo que desprende esta historia estrella, y centrémonos en el cochambroso machismo que también huele desde lejos en la parte erótica de este tipo de novelas.

 

Tenemos la ironía llevada a la máxima potencia: una literatura contada en su gran mayoría por mujeres que se empeñan maltratar a su género. Las relaciones sexuales que narran están preparadas por y para hombres: encuentros fugaces con una penetración precoz cuyo resultado en el mundo real sería un terrible desgarro vaginal, felaciones, stripteases, látigos, anales sin lubricante y corridas sin ton ni son.

 

Polvos egoístas, diseñados para ellos y, hagamos hincapié, escritos por mujeres. Libros que venden millones y millones de copias por todo el mundo. Lecturas que llegan a las manos de mujeres que se preguntan por qué no sienten ese desmesurado placer cuando su amante las penetra en el minuto dos del encuentro y hombres que creen que pueden ponerse el traje de Christian Grey y meterla de primeras para desarmar a su acompañante sexual.

 

Señoras y señores, el sexo es otra cosa. El sexo es una relación de dos en la que ambos disfrutan y ambos hacen disfrutar al otro. El sexo precisa de unos preliminares, más o menos intensos, que abran el camino. El buen sexo es cosa de ambos y el buen amante es el que disfruta, hace disfrutar y disfruta haciendo disfrutar.

 

Nos hemos creído modernos por escribir “pene” en un libro y nos hemos dejado la mitad de la historia en el tintero. Si vamos a hablar de sexo hablemos del bueno. Hablemos de la necesidad que sientes de llevarte a tu compañero o compañera a la boca, de los juegos, la humedad, de cogerle la mano a tu pareja y enseñarle dónde y cómo debe tocar. Hablemos de utilizar lubricantes y vibradores, de masajes con final feliz, de miradas y de roces. Digamos en voz alta que las mujeres necesitamos lubricar y los hombres empalmarse y que ambas cosas no se consiguen con una mirada, tal como quiere hacernos creer E.L. James.

 

Hablemos, gritemos qué nos gusta y qué no, desnudemos los tabúes y corrámonos con gusto. Disfrutemos y hagamos un corte de mangas a Christian Grey y Anastasia Steele porque, señoras y señores, lo que ellos hacen no es follar. 

 

Por Ylenia Espinosa

Twitter: @sobremispaginas

Libro promocionado