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"Vida y Papel", de Félix de Azúa

13/07/2018

Opinión

Cuando comenzamos un libro de Félix de Azúa realmente no sabemos si estamos leyendo prosa o poesía. Maestro de la palabra, él mismo define a los buenos novelistas como "poetas que quieren ser leídos por las masas o, por lo menos, por un gran número de ciudadanos”. En este caso no es novela sino ensayo (para cuya explicación dedica una parte del libro y cita, no podría ser de otra manera, a Montaigne para ilustrar el apartado), pero esperamos que un gran número de ciudadanos, al igual que con la novela, quieran leer esta magnífica obra que rebosa sabiduría en cada una de sus páginas. 

 

 

 

Es Azúa un escritor que apoya que el lenguaje es algo de lo que no nos podemos apropiar, como defendía Sófocles en un acto de “Antígona” cuando dice “los hombres se procuran el habla”. En este ensayo autobiográfico a dos voces, Azúa demuestra un conocimiento vasto y profundo del lenguaje, del arte y de la literatura y resulta una lectura sumamente placentera. 

 

 

 

Vida y papel” respalda la idea de que, cuando nacemos, nos vemos condicionados por un lenguaje y unas imágenes que nos acompañan en nuestros primeros años de vida. Ambos proporcionan una mirada incorregible del mundo que va a guiarnos desde nuestra identidad más íntima. Las imágenes, los cuadros y las fotografías que nos acompañan las amamos como si fueran verdaderas presencias y no meras pertenencias de nuestra identidad. Nuestra vida la llenamos con un entorno de cosas y situaciones que le proporcionan consistencia y estabilidad.

 

 

 

Arte, música y literatura se mezclan en sus páginas al ritmo de nombres, historias, pasado y presente.

 

 

 

Dentro de la parte de “Autobiografía sin vida” nos encontramos con una reflexión demoledora en la que comenta cómo en la Documenta 5 de 1972 "el Arte abandonó la tradición que de Goya a Rothko no había variado en nada esencial y se enterró la pintura como madre de todas las representaciones visuales”.  Habla aquí de cómo, a partir de aquel año, era imposible orientarse en el arte sin haber recibido previamente cursos de filosofía. Y voy a hacer especial mención a James Lee Byars, artista para mí desconocido y todo un descubrimiento, que abogaba por mantenerse fuera del arte comercial y era el rey de las performance. Representó hasta su fallecimiento la muerte de lo que representaba y, coherentemente, una de sus obras fue su propio funeral (proyectado en 1994 con el título La Muerte de James Lee Byars), que se expuso en 2004, a pesar de que él murió en 1997. 

 

 

 

En la parte de “Autobiografía de papel” Azúa hace una exaltación de la Poesía como contramundo de la ciencia (como diría Platón) arguyendo que nunca ha dejado de ser la más seria alternativa al conocimiento científico. También aprendemos con él de novela y ensayo, e intercala filósofos y escritores al uso, científicos y pensadores de todos los ámbitos. Destaca especialmente su admiración por Diderot, al que dedicó su primer ensayo (“La paradoja del primitivo”, editada en 1978).

 

 

 

Resalto también al escritor Juan Benet, escritor poco leído y virtuoso técnico del lenguaje que fue el “maestro consciente” de Azúa, como para muchos otros. El autor compara ver trabajar a Benet con asistir a “un endemoniado concierto de Paganini” ya que manejaba la hipotaxis, el párrafo rapsódico, la divagación, el simulacro de Grand Style, el disparate, el propósito de que la escritura se buscara a sí misma, el desprecio por las coerciones de argumento, etc. como el genio que era.

 

 

 

La última parte de esta “Autobiografía de papel” la dedica al periodismo y a su evolución, a la influencia de internet en la comunicación del SXXI, al estilo de los periódicos de siglos anteriores y la publicidad que mantiene a los actuales. Relaciona con maestría y nombres célebres como el de Rafael Sánchez Ferlosio el ensayo con el periodismo.

 

 

 

Me parece curioso uno de los apuntes de Azúa al final de su ensayo: “Nosotros crecimos con el cine, no con la tele. Y eso se nota en la composición de las novelas. Las nuestras son de panorámica, de interiores, no excesivo medio plano, mucho primer plano y cámara muy móvil. También flash back y collages. Las novelas de los jóvenes actuales casi se limitan al medio plano y cámara fija".

 

 

 

No importa si has crecido con el cine o con la televisión, ningún curso de literatura o arte fueron tan bien escritos y resumidos como esta “Autobiografía sin vida y Autobiografía de papel”.