ANTOLOGÍA POÉTICA

ANTOLOGÍA POÉTICA

  • ISBN: 9879049993
  • Título original: ANTOLOGÍA POÉTICA
  • Año de publicación: 1995

Puntuación media 1 votos

7 de 10

  • 0 seguidores
  • 1 reseña
  • Compartir:

Sinopsis y resumen ANTOLOGÍA POÉTICA

Los comentarios póstumos sobre Almafuerte y su excentricidad, y sobre su obra no han cesado, pero su obra perdura, ha sido varias veces publicada y mantiene su nombre y su leyenda, que ha inspirado obras de teatro e, inclusive, llegado al cine.

Jorge Luis Borges escribió sobre él: \"escritor olvidado con injusticia, hombre que hubiera sido en plena barbarie fundador de una religión, en plena civilización un Butler o un Nietzche\". Este libro pone en manos del lector una nueva edición de sus poesías, donde encontramos la pasión e imaginación, los desahogos del dolor de una personalidad original de la República Argentina.

Copiar

Comprar ANTOLOGÍA POÉTICA en:

Reseña destacada de 1 reseñas - Ver todas

Profile photo of nikkus2008

ALMAFUERTE: EL POETA GENIAL

Pedro Bonifacio Palacios, conocido como "Almafuerte" fue uno de los poetas más personales y contundentes del siglo pasado en toda la literatura americana. Cierta ferocidad se asoma, entre bellas metáforas y versos coloridos, y confiere a sus poemas una nota de agradable contraste, difícil de definir. Tienen sus poesías, además, un determinado ritmo, como si de música se tratara, un cierto énfasis en cada verso, que le da la cualidad de un canto, de una recitación poderosa a la vez de musical:

Dios te salve

Cuando se haga en ti la sombra;
cuando apagues tus estrellas;
cuando abismes en el fango más hediondo, más infecto,
más maligno, más innoble, más macabro,-más de muerte,
más de bestia, más de cárcel,-
no has caído todavía,
no has rodado a lo más hondo…
si en la cueva de tu pecho, más ignara, más remota,
más secreta, más arcana, más oscura, más vacía,
más ruin, más secundaria,
canta salmos las tristeza,
muerde angustias el despecho,
vibra un punto, gime un ángel, pía un nido de sonrojos,
se hace un nudo de ansiedad.
Los que nacen tenebrosos;
los que son y serán larvas;
los estorbos, los peligros, los contagios, los Satanes,
los malditos, los que nunca,- nunca en seco, nunca siempre,
nunca mismo, nunca nunca,-
se podrán regenerar,
no se auscultan en sus noches,
no se lloran a si propios…
se producen imperantes, satisfechos,- como normas,
como moldes, como pernos, como pesas controlarias,
como básicos puntales,
y no sienten el deseo
de lo sano y de lo puro
ni siquiera un vil momento, ni siquiera un vil instante,
de su arcano cerebral.
Al que tasca sus tinieblas,
al que ambula taciturno;
al que aguanta en sus dos lomos,- como el peso indeclinable,
como el peso punitorio de cien urbes, de cien siglos;
de cien razas delincuentes,-
su tenaz obcecación;
al que sufre noche y día, -
y en la noche hasta durmiendo,-
como el roce de un cilicio, como un hueso en la garganta,
como un clavo en el cerebro, como un ruido en los oídos,
como un callo apostemado
la noción de sus miserias,
la gran cruz de su pasión:
yo le agacho mi cabeza; yo le doblo mis rodillas;
yo le beso las dos plantas; yo le digo: Dios te salve…
¡Cristo negro, santo hediondo, Job por dentro,
vaso infame de dolor!

También idealizó a las estaciones, como William Blake, como Lugones, como Vivaldi, como Astor Piazzolla:

A la primavera

¡Salud, primavera, princesa encantadora!
saludo engrandecido las gasas de tu velo;
ya orlan tus vestidos el argentino suelo.
¡Salud, reina galana que el trópico atesora!
En la triunfal carroza que llegas, soñadora,
viene la diosa áurea con perfumado vuelo.
¡quién sabe de qué mundo! ¡quién sabe de qué cielo!
¡salud, gentil doncella! ¡tu túnica enamora!
De tus joyas de virgen, los rizos nacarados
se extienden tiernamente con sin igual candor;
por las grandes ciudades, por los desiertos prados,
tus tintes de armonías, tus ecos sublimados,
encierran luengas páginas de ensueños y de amor.
¡salud, reina que llegas de mundos ignorados!

Verano

Velado por fulíginos elásticos de llamas,
con galas y atavíos y aromas turbadores,
de ignotos lares llega con áureas oriflamas,
el príncipe verano, custodiado de amores.
¡Salud, príncipe indigno, laureolado de flores,
guirnaldas y diademas os brindarán las damas,
proyectan tus pupilas fúlgidos resplandores
que a reina primavera revelan que la amas!
Al manto de celajes aéreos y movibles,
ninfáticos poemas le engalanan sus bordes,
cánticos eufónicos, bemoles indecibles,
églogas siderales, himnos indefinibles,
se mezclan en los mágicos, quiméricos acordes,
de laúdes dorados, de reyes invisibles


O esta bellísima poesía sobre el misterio de la inspiración poética:

El soñador

Le aserraron el cráneo;
le estrujaron los sesos,
y el corazón ya frío
le arrancaron del pecho.
Todo lo examinaron
los oficiales médicos
mas no hallaron la causa
de la muerte de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
como el espacio azules
y como el mar acerbos.
¡Oíd! Cuando yo muera,
cuando sucumba, ¡oh, médicos!
ni me aserréis el cráneo
ni me estrujéis los sesos,
ni el corazón ya frío
me arrebatéis del pecho,
que jamás hasta el alma,
llegó vuestro escalpelo.
Y mi mal es el mismo,
es el mismo de Pedro;
de aquel soñador pálido
que escribió tantos versos,
y como el espacio azules
y como el mar acerbos.

Este poema que sigue, es otro ejemplo del ritmo, del "tempo" a que hacía referencia anteriormente, además de ser uno de los más bellos poemas dedicados a nuestras madres, y un lamento repleto de angustia por la Fé perdida:

Fúnebre
I

La montaña que tiembla, porque siento
germen de cataclismo en sus entrañas;
el huracán que gemebundo emigra
quién sabe a qué región y qué distancia;
el mar que ruge protestando airado
de la ley del nivel que lo avasalla;
los mundos del sistema -¡tristes mundos!-
que al sol de Dios obedeciendo pasan
como en la arena de la pista el potro
a latigazos -¡noble potro!- salta;
no tienen sobre sí más amargura
que la que hospeda en sus desiertos mi alma,
porque yo arrastro sobre mí -¡y no puedo!-
como un cuerpo podrido, ¡la esperanza!

II

Tú que vives la vida de los justos
allá junto a tu Dios arrodillada,-
yo no creo ni aguardo, pero pienso
que haya hecho Dios un cielo para tu alma,-
dame un rayo de luz -¡uno tan solo!-
que restaure mi fuerza desmayada,
que ilumine mi mente que se anubla,
que reanime mi fe que ya se apaga...
dame un beso de amor -¡uno siquiera!-
aquí, sobre esta frente que besabas;
aquí, sobre estos labios que otros labios
han besado con ósculos de infamia;
aquí, sobre estos ojos que no tienen
nada más, ¡oh mi madre!, que tus lágrimas.

¿Se dan cuenta, perciben esa cadencia genial?; parece un martillo, no un mero conjunto de palabras; mejor dicho, sus palabras golpean como un maza sobre un yunque, sobre nuestros sentidos todos.


¡Y que decir de este poema!; ¡Que palabras maravillosas! Este, acaso, sea el misterio de las letras: pueden hacernos desbordar de alegría, de llanto, de pena, de horror, de ternura...

Hijos y padres
Dedica a su Hermana Carmen

I
Como la lluvia copiosa sobre el suelo,
como rayo de sol sobre la planta,
como cota de acero sobre el pecho,
como noble palabra sobre el alma,
para los hijos
de tus entrañas
debe ser tu cariño hermana mía
riego, calor, consolación y gracia.

II
Como tierra sedienta de rocío,
como planta en la sombra sepultada,
como pecho desnudo en el peligro,
como guerrero inerme en la batalla,
así, en la ardiente
contienda humana,
¡ay! los hijos que pierden a sus padres,
pierden riego, calor, escudo y lanza.

III
Como nube de arena que no riega,
como sol que no alumbra en la borrasca,
como roto espaldar que no defiende,
como consejo que pervierte y mancha,
así, malditos,
padres sin alma,
son aquellos que niegan a sus hijos
consejo, amor, ejemplo y esperanza.

IV
Como fecunda tierra agradecida,
como planta que al sol sus flores alza,
como pecho confiado tras la cota,
como hasta Dios se magnifica el alma,
así, los hijos,
cuando les aman,
dan plantas de virtud como esa tierra,
frutos de bendición como esas plantas,
arranques de valor como esos pechos,
rayos de inmensa luz como esas almas.


Y por último (y si es que llegaron hasta aquí, lo que sería grato para mi pero más grato para ustedes) dejo el más famoso y terrible poema de Almafuerte:


¡AVANTI!

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas
no han de ser tus caidas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas

Obsesion asnal, para ser fuerte,
nada mas necesita la criatura
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte

¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!


II ¡Piu avanti! (¡Ea!)

No te des por vencido ni aun vencido.
no te sientas esclavo ni aun esclavo
trémulo de pavor piensate bravo
y arremete feroz ya mal herido

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido

Procede como Dios que nunca llora
o como lucifer que nunca reza
o como el robledal cuya grandeza
necesita el agua y no la implora

¡que muerda y vocifere, vengadora
ya rodando en el polvo tu cabeza!


III ¡Molto piu avanti! (Angustia)

Los que vierten sus lagrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;

Los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas
sucios, enfermos, tragicos, sobrantes.

¡ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios de odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos....

¡ y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!



IV ¡Molto piu avanti ancora! (Gélido)

El mundo miserable es un estrado
donde todo es estólido y fingido
donde cada anfitrion guarda escondido
su verdadero ser, tras el tocado:

No digas tu verdad ni al mas amado
no demuestres temor ni al mas temido;
no creas que jamás te hayan querido
pro mas besos de amor que te hayan dado

Mira como la nieve se deslie
sin que apostrofe al sol su labio yerto;
como ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confie...

¡Trema como el infierno pero rie!
¡Vive la vida plena, pero muerto!



V ¡Moltísimo pio avanti ancora!

Si en vez de las estupidas panteras
y los ferreos, estupidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en esa fragil carcel de las fieras

no habrian de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones
sin esperanzas ya, sin reacciones
lo mismo que

Escribe tu reseña

Últimos comentarios - Ver todos

  • Nadie ha comentado nada aún sobre este libro. Si quieres, sé el primero en dejar un comentario. Seguro que algún usuario se anima después de leerlo.

Escribe tu comentario

Libro promocionado

Novedades Libros