Morir en Berlín

Morir en Berlín

  • ISBN: 9562470946

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Sinopsis y resumen Morir en Berlín

Mario, el protagonista, un chileno exiliado en Berlín Oriental, recuerda de pronto la maña que tenía (¿que tiene todavía?) la cerradura de la puerta de la casa de su padre en calle Seminario. Para lograr abrirla era necesario mover la llave de cierta manera, aprender esa maña. "No, no. Tienes que retirarla un poquito cuando llegue al fondo, después la subes y listo, ya está", le dice su padre. Mario, entonces, se da cuenta de que "durante años la cerradura tuvo ese desperfecto y nunca se llamó a un cerrajero. Toda la familia fue aprendiendo la mañita –"porque es cuestión de mañita, nos decía el viejo". Así, para Mario, la cuestión del manejo de la cerradura llega a ser "el factor más seguro de cohesión en la familia". En cierto modo, la novela Morir en Berlín de Carlos Cerda, toma en mi mente la forma de la cerradura y su maña. Los exiliados chilenos en Berlín, que la novela nos pone delante, viven mirando la cerradura y tratando de aprender su maña. Pero, en verdad, no se trata de una cerradura sino de, a lo menos, tres cerraduras: la de la Cordillera (tapada por una "L"), la del Muro y la de la propia sociedad del "Primer Estado de Obreros y Campesinos en Suelo Alemán", que los acoge como huéspedes y los administra a través de la "Oficina". "Prefiero equivocarme con la Oficina, antes que tener razón contra la Oficina." (Pg. 15) Así entiende el viejo ex senador, Don Carlos, que ha estado en el campo de concentración de Chacabuco, "la cuestión de la lealtad". A estas tres cerraduras públicas se añade una cuarta, de tipo personal: el matrimonio con Lorena que el protagonista quiere romper.

La novela está narrada, en gran parte, desde un "nosotros"; una suerte suerte de coro griego, compuesto por el conjunto de los exiliados, que viven en lo que ellos mismos, con ironía denominan "el ghetto". Se trata de un sujeto colectivo que observa los acontecimientos con serena atención, que comprende y, sin embargo, es sumamente inquisitivo, preciso, curioso. Desde un punto de vista formal este narrador es uno de los principales aciertos de la novela. Porque se trata de un sujeto indesmentible. Calza admirablemente con la mentalidad de grupo de donde se origina y con la situación vital en que se encuentran. Vivir de cara a la cerradura los iguala y confunde en una sola entidad indiferenciada. Ellos saben de qué se trata. Han sido testigos colectivos. Su visión está controlada por la de los demás. El lector u oyente imaginado por el texto forma parte de ese mismo grupo y también sabe o puede llegar a saber por su cuenta. No puede ser engañado impunemente. En su relato, desarrollado linealmente como si fuese un testimonio, el lector real confía ciegamente. En un par de ocasiones, relativas a los padres de Lorena, un diálogo de muchas voces sustituye a la narración con extraordinaria eficacia dramática. En muy pocas líneas el autor logra aquí transmitir todo un cúmulo de informaciones con un alto voltaje emotivo.

Sobre este trasfondo se recortan las figuras principales que, en algunos momentos, asumen la voz narrativa: Mario, que se desempeña como profesor universitario y ha publicado un libro de cuentos; su esposa Lorena, que desea irse a México con los niños para retomar su carrera de actriz, interrumpida por el exilio; Don Carlos, el paternal aunque severo jefe de los exiliados que está viejo y enfermo, pero sigue siendo leal al sistema y pierde la calma ante el virus de la disidencia que se esparce entre sus filas con la misma pertinacia de ese cangrejo que le apreté el estómago y hace sonar sus tripas. Don Carlos vive en un edificio de veinte pisos cuyos habitantes tienen "en común no sólo su calidad de ancianos sino la común condición de ser viudos recientes. " (Pg. 13) El ex senador odia el olor de los viejos que le hace pensar en la muerte. Por eso trata de no estar en el edificio a la hora en que llegan todos los viejos de pasear a sus perros. Demora, entonces, su regreso a casa en un supermercado donde se queda olfateando el tabaco o la fruta fresca. Esta imagen del hombre enfermo olfateando la vida en los productos del

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