LAS DESVENTURAS DEL JOVEN WERTHER

LAS DESVENTURAS DEL JOVEN WERTHER

  • ISBN: 9788437604077
  • Título original: Die Leiden des jungen Werther
  • Año de publicación: 1774

Puntuación media 368 votos

8 de 10

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Sinopsis y resumen LAS DESVENTURAS DEL JOVEN WERTHER

La novela traza la personalidad de un joven romántico que sufre un amor imposible hasta el punto de que prepara concienzudamente
y ejecuta su suicidio. El personaje hizo furor en la vanguardia burguesa de la época, de forma que muchos jóvenes imitaron la forma de vestir del joven descrita por Goethe y llegó a poner de moda el suicidio por amor con una cuidada puesta en escena, a la manera de Larra. Es una historia de carácter epistolar. En la primera parte, Werther escribe desde el campo a su amigo Guillermo, recopilador de la historia, y pone de manifiesto su afición por la poesía de Homero y su temperamento apasionado. Durante una celebración conoce a la hermosa joven Carlota, de la que ya antes de presentarsela le cuentan que tiene novio y que debe evitar enamorarse. La advertencia es inútil. Werther conversa y baila con ella y cae rendidamente enamorado. Carlota le mira con simpatía y cultiva su amistad. A pesar de saberla comprometida, Werther no puede evitar una cierta esperanza. Enseguida, conoce a Alberto, el novio de Carlota, y congenia con él. A pesar de la rivalidad y de la envidia oculta de Werther se hacen amigos, y ambos suelen verse con Carlota. Guillermo, el receptor de las cartas de Werther, le aconseja que si tiene alguna esperanza, ponga todo su esfuerzo en tratar de verla realizada, y que si no la tiene abandone y se libre de "una pasión funesta que te aniquilará". El mismo Werther va sintiendo el sinsentido de su pasión, que cada vez adquiere más rasgos insanos. Por ello decide aceptar el consejo de Guillermo y aceptar el puesto que se le ofrece al lado de un embajador. En la segunda parte de la novela, Werther escribe desde su destino en la embajada, donde se ha enterado de la celebración de la boda de Carlota y Alberto. Pronto se cansa de su nueva situación, no congenia con el embajador y vuelve a la aldea de Carlota, visitando a menudo a los recién casados. Su pasión, lejos de extinguirse, sigue progresando, y con ella su desdicha.Werther alterna deseos de arrojarse espontáneamente a los brazos de Carlota con otros de melancolía en que piensa en morir. También Carlota y Alberto son cada vez más conscientes del amor y de la frustración de Werther y comienzan a recriminarle más o menos abiertamente sus actitudes insanas. Werther ve cada vez con mayor claridad es que no tiene más salida que la muerte. La tercera parte de la novela alterna el relato de Guillermo de los últimos días de Werther con las últimas cartas y fragmentos de diario que éste deja escritos. Werther afirma vivir en perpetuo hastío de sí mismo y consagrado a la idea fija de una sola pasión y se considera destinado a apesadumbrar a las personas a quienes hubiera querido hacer felices. Carlota, siempre fiel y firme en el amor hacia su marido, sigue mirando a Werther con simpatía y al ver su desgracia, siente compasión y se preguntá por qué el joven ha nacido con ese fuego indomable y esa apasionada violencia para mostrar sus afecciones. Mientras comienza a preparar su último paso, Werther encuentra que la decisión de matarse es lo único que le alivia. En tanto, Alberto se muestra preocupado de las visitas de Werther a su casa, encuentra que la gente empieza a murmurar y le dice a Carlota que le pida a Werther que venga con menos frecuencia. Ésta lo hace, con la mayor delicadeza posible y más tarde le pide directamente que deje de amarla y que busque a otra mujer. Werther lo preparaa todo para morir: sus cuentas pagadas y cobradas, sus pertenencias recogidas, escritas cartas a su madre y sus amigos, dadas instrucciones de que le entierren con la ropa que lleva y que no registren sus bolsillos, en los que guarda un lazo de Leonor. Considera con felicidad la idea de la muerte, porque es la forma de reunirse con Carlota, aún en el terreno del pecado, más allá de su marido y del mundo que condena a su amor a la imposibilidad. El día que decide ejecutar el suicidio va a visitar a Carlota en ausencia del marido, y sin revelarle su propósito lee con ella poemas de amor desesperado y en medio de la emoción ella se deja abrazar y bes

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WERTHER Y EL SUICIDIO. UNA DEFENSA.

Creo que lo mejor que tenemos en esta vida, es la maravillosa posibilidad de decidir nosotros mismos, cuando queremos dejar de "ser". Las argumentaciones del que toma semejante decisión pueden ser muchas, o tal vez una sola, pero ninguna suele convencer al otro, al que juzga desde afuera. La muerte por mano propia es un concepto romántico, exquisito y casi artístico. Desde Romeo y Julieta, pasando por Werther, si no me equivoco por Jacobo Ortiz, hasta por personas reales, tantas son que voy a obviar a varias, pero recuerdo ahora a Leopoldo Lugones, a Virginia Woolf, a la sufriente Alfonsina Storni, a Jack London, a Robert Ervin Howard y a tantos más, seguramente, que no puedo recordar. La lucha por la vida se me antoja una estupidez; yo no quiero luchar, yo quiero vivir. Y vivir es para mi gusto, un goce, o debería serlo. No digo que no admita las inexorables horas oscuras que devienen impasiblemente en la vida de todos. Pero vivir sufriendo, eso no lo acepto. Y los motivos de cada persona pueden, casi siempre, ser irrisorios, vulgares, patéticos para el resto. Para mi WERTHER HIZO BIEN. El Werther de Goethe es un largo poema epistolar, repleto de descripciones bellísimas, bucólicas, netamente románticas. Entre montañas, lagos, crepúsculos, acontecen los hechos. Es una historia de amor, como tantas. Pero esta tiene nervio, tiene encanto; sentimos empatía hacia los personajes, sentimos a través de su piel sus estremecimientos, sus deliquios amorosos, sus éxtasis; los inevitables saltos emocionales del enamoramiento: sus furiosas alegrías y sus ineludibles tristezas. En todo amor que empieza, existen dudas. Es un dolor que oprime la garganta, que quita el aire. Es similar a una droga. Altera la visión, el olfato, el gusto. No los mejora ni los empeora, los retuerce. Abre otros caminos. Todo aquel que lo haya sentido con violencia, lo sabe. Werther hizo bien. ESTA ES MI OPINION COMO LECTOR DE WERTHER, de Rafael, de Graziella, de Pablo y Virginia, de Romeo y Julieta, como lector apasionado del romanticismo, fiel a sus principios, a sus extravagancias, a sus caprichos y a sus bellezas. Este que dijo todo esto fue el yo romántico, el que leyó todos estos libros bajo la espesura de los árboles, en verano. Voy a contradecir lo dicho anteriormente; ahora habla el yo moderno, contemporáneo. El yo adaptado, parcialmente adaptado. Hoy hay miles de divorcios diarios. Hay contratos prenupciales. Se habla de lo que le va a tocar a cada uno (un día previo al casamiento) luego del posible divorcio. Tienen hijos, compran muebles, compran plasmas, notebooks, celulares con juegos, HDMI (no se lo que es); luego se reparten: los hijos, las notebooks, los celulares, los gatos, los perros. El abogado contento de tantos divorcios. Esto es todo hoy. Nadie siente una pasión tan grande como para no hablar de contratos, de bienes materiales, cuando se hacen proyectos de convivencia. Hoy Werther es un idiota. Y posiblemente, tengan razón los que así piensen. Nadie se muere por otra persona. ¿Eso está mal?. Hoy no. Antes estaba mal visto. Antes las mujeres guardaban luto por años. Y se morían solas, sin volver a formar pareja nunca más. Hoy, el luto dura cinco segundos. Hoy Werther está fuera de lugar; es un chiste, una gran broma, es un anacronismo. Soy un defensor de las exaltaciones del romanticismo, de su compromiso político, social (el romanticismo no es un par de velas, una langosta en la mesa y un buen vino tinto, y luego a desabrocharse el cinturón, a eructar lo digerido) de su estilo narrativo, de su concepción moral; pero entiendo que además de haber sido un estilo de vida, ha sido un maravilloso estilo artístico. Hoy, en pleno año 2012, no se que diablos de estilo se sigue. Y tal vez esto esté bien. Nada de etiquetas. No lo se. Eso si, se mata por dinero, se mata por crueldad, por fetiche, se mata por el fútbol, se mata por celos, por poder; pero nadie es tan estúpido y tan ridículo para matarse por amor.

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