Muerte sin fin

Muerte sin fin

  • ISBN: 9786074620542

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Sinopsis y resumen Muerte sin fin

Es el poema más importante de la escasa obra de este importante poeta perteneciente al grupo de los Contemporáneos. Se afirma que la génesis de este poema se encuentra en el titulado Primero Sueño, de la poetisa jerónima Sor Juana Inés de la Cruz,2 por quien el poeta sentía gran admiración, tal como lo hicieron otros grandes poetas tales como Villaurrutia y Jorge Cuesta. Aunque podemos encontrar algunas similitudes entre amobos poemas, Muerte sin fin resulta menos optimista, en cambio Sor Juana se ve más como vigía, así como la similitus en que ambos gustan del giro "en fin" y "por fin".

El poema de Gorostiza, aunque muy hermoso tiene mucho de indescifrable, y son varios eruditos los que han recurrido a formas no ortodoxas para abrirlo y estudiarlo, incluso trazando un paralelismo entre él y la “Muerte de Dios”, de Federico Nietzsche. Una diferencia importante es que Gorostiza inicia con versículos de la Biblia, tomados del libro de los Proverbios, y utilizándolos como epígrafe.3

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regresar a la vida de la muerte sin fin.

Muerte sin fin es un poco complejo para mi gusto, hablando metafóricamente diciendo lo que quiere decir, pero no directamente, y aunque creo que esa es la belleza de los poemas hablar en un sentido poético; para mi gusto es muy complejo, el autor inicia con versículos de la Biblia, tomados del libro de los Proverbios, y utilizándolos como epígrafe, pienso que él se ve reflejado en el agua y primordialmente creí que el agua era la vida, pero conforme fueron pasando los capítulos, entendí que el río; es decir, el tiempo o la duración. Se considera que el agua está viva sólo cuando corre; el agua estancada es agua muerta, supuse que el tiempo es movimiento, regresando al punto de partida: agua que fluye: movimiento, tiempo, vida. No hay manera de dar muerte a lo que fluye eternamente, a menos que se le contenga, que se le inmovilice en su discurrir. Y ahí tenemos el vaso, que habrá de darle forma al agua, a la sustancia, y en ese transcurrir de vaso y agua, en ese tiempo, surgirá la conciencia. El vaso es transparente: mira el agua que contiene y se mira a sí mismo como vaso. Es Dios, se mira en nosotros y sólo vive por ese acto, según el poema de Gorostiza: existe en cuanto existe la humanidad y, como la eternidad también es repetición, en cada individuo habrá de padecer los mismos accidentes, las mismas pasiones, las mismas muertes, por siempre:
[…] hasta que –hijo de su misma muerte, gestado en la aridez de sus escombros–siente que su fatiga se fatiga, se erige a descansar de su descanso y sueña que su sueño se repite irresponsable, eterno, muerte sin fin de una obstinada muerte […]
Cada individuo vivirá su propia muerte. Se asomará al abismo del espejo del vaso, a los reflejos indiscernibles del agua, anhelando encontrar la mirada que nos mira, la conciencia del retorno al punto de origen. Se sabrá Dios en la medida de la conciencia y de su propia finitud: se sabrá forma, pero sólo a condición de que exista el vaso. Por ende, el destino de la forma es la muerte, no se cumple en sí misma y se enturbia, se pudre el agua y debe regresar al cauce, a Dios, a la vida de la muerte sin fin.

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