La sonrisa de Maquiavelo

La sonrisa de Maquiavelo

  • ISBN: 9788483108192
  • Título original: La sonrisa de Maquiavelo
  • Año de publicación: 2002

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Sinopsis y resumen La sonrisa de Maquiavelo

Este apasionante estudio de Maurizio Viroli, que reivindica al tan vapuleado Nicolás Maquiavelo (1469-1527) como uno de los más inteligentes historiadores y pensadores políticos de todos los tiempos, es el mejor pórtico de la nueva colección Tiempo de Memoria, en su vertiente de Historia.
Fundador de la moderna teoría política, astuto diplomático al servicio de su Florencia natal y desapasionado observador de los asuntos humanos, Nicolás Maquiavelo ha dado su nombre a una forma de hacer política. Se le ha asimilado a la figura de un defensor a ultranza de la idea según la cual el fin justifica los medios y, como tal, ha pasado injustamente a la historia como un hábil defensor del cinismo y la crueldad como formas de actuación política. Al final de este milenio, cuando más vuelve a hablarse del genial florentino, Maurizio Viroli viene a deshacer entuertos y consigue una apasionante reivindicación intelectual y humana de este pensador de hace cinco siglos, situándolo en su auténtica dimensión contemporánea.
«De Maquiavelo», confiesa Viroli al comienzo de este libro, «me fascina el pensamiento político y la escritura, pero, sobre todo, su modo de reírse de la vida y de los hombres.» Situémonos por un momento en la arrogante Florencia renacentista de los Médicis y de Savonarola, en la Italia de los Borgia y su diplomacia del veneno, en la Europa, en fin, que ve surgir los modernos estados nacionales. De todo ello es testigo Maquiavelo, a quien seguimos no sólo en sus delicadas misiones políticas o en sus ocupaciones de escritor, estadista e historiador, sino también en sus francachelas con los amigos, sus tórridos episodios sentimentales o su amargo desmoronamiento final. En suma, gracias al libro de Viroli podemos convencernos de que la célebre «sonrisa» del autor de El príncipe debía más al desencanto que al cinismo.

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Por el camino del infierno

De los últimos ensayos leídos sobre figuras históricas (estadistas y religiosos), esta biografía era, a priori, la que menos me interesaba, y se ha convertido, ante mi asombro, en una lectura gratificante en varios aspectos. Primero, ha cambiado la errónea información y las “siniestras” sensaciones que me suscitaban el nombre de Maquiavelo. Segundo, además del buen quehacer al situar el personaje dentro del contexto histórico, elemento imprescindible para un estudio serio y cualificado, Viroli ha realizado un excelente retrato psicológico enfatizando en la vida más familiar, personal e intima de su biografiado. Tercero, last but not least, la habilidad del autor para amenizar el texto y convertir una lectura entretenida, en algunas fases como una novela, sin faltar al rigor histórico.
Antes de analizar la obra, debo indicar el enfoque “benévolo” del biógrafo, no digo que sea una hagiografía o un panegírico, pero sí que resalta los aspectos positivos del pensador florentino.
“La sonrisa de Maquiavelo” comienza significativamente con el sueño que tuvo Maquiavelo antes de morir, una versión perversa del famoso sueño de Escipión. Maquiavelo, en su ensoñación, ve varios hombres mal vestidos y de apariencia miserable con muestras de sufrimiento que confiesan ser los santos y beatos yendo al Paraíso; luego observa otra muchedumbre, esta vez de aspecto noble y grave, en la cual reconoce a los grandes filósofos e historiadores de la Antigüedad, y estos le dicen: “Somos los condenados al infierno”. Concluido el relato, explicó que prefería ir al infierno para conversar con los grandes personajes de la Humanidad, antes que ir al paraíso a morirse de tedio con tan venerables santidades. Con este hecho, cierto o inventado (tiene más trazas lo último, su broma final), marca las líneas de presentación del filósofo: su pensamiento, donde los prohombres para llevar a cabo sus proezas y el progreso deben violar la moral cristiana; y, por otra parte, su carácter inteligente, burlón e irreverente. Estas dos facetas están simbolizadas, como indica el título del libro, en su sonrisa que evidencia su espíritu alegre y que, además, le sirve como máscara y defensa ante la incomprensión, mala suerte e injusticas sufridas. Sonrisa elocuente y ambivalente que se vislumbra al contemplar el célebre retrato imaginado por Santi di Tito.

El libro se compone de 22 cortos y ágiles capítulos que, a su vez, se podría dividir en 2 principales divisiones: el apogeo de su vida política hasta la destitución y, después del ostracismo, la vida personal y sus trabajos intelectuales. Una biografía bien documentada que echa mano de los escritos de la época, ya sean documentos, informes diplomáticos o, especialmente, los del propio Maquiavelo: su extensa correspondencia (profesional, familiar, privada y de amistad), prosa literaria y ensayos (de gran importancia sus “Discursos…”).

En esta primera parte se centra en los acontecimientos de la Florencia renacentista, tan bella como corrupta, y sus relaciones políticas; unas situaciones que Maquiavelo conoce perfectamente gracias a su puesto político. Es testigo del poder de los Medicis, la conjura de los Pazzi (recomendable la novela “La cruz y el lirio dorado” de Fernán Gómez) que le causó una profunda huella, las numerosas intrigas y guerras que conoció y el gobierno teocrático de Savonarola. Tras la caída de éste, se instaura la República en Florencia, un estilo de gobierno del que es un entusiasta defensor nuestro protagonista, aunque se pueda contradecir con su más famosa obra: “El príncipe”.
Debido a sus cargos políticos y por su persuasiva elocuencia, ejercerá como diplomático permitiéndole viajar donde conocerá otras formas de gobierno y, lo más importante, tratar con los mandatarios. Su mirada crítica y perspicaz logra captar los entresijos del poder y la naturaleza de personalidades influyentes, como es la de César Borgia, un tirano que admirará sus dotes de mando, crueldad y astucia. Cualidades que, otra vez y con razón, no sitúa en “El Príncipe” y en especial su capítulo VII. Todas estas misiones de embajador, su agudeza innata y los variados conocimientos sobre las personas que trató, le otorgará una instrucción y una experiencia que le servirá de una gran utilidad, un tesoro inestimable para su espíritu crítico y racional.

En el último bloque biográfico, si cabe más ameno y atractivo que el precedente, Viroli se centra más en el temperamento, las vivencias cotidianas y los trabajos teóricos. Anteriormente había manifestado la condición de Maquiavelo como un hombre hecho a sí mismo desde su humilde cuna (posición que le hizo ser despreciado) gracias a su intelecto y determinación. En estas páginas, y tras variadas pinceladas anteriores, sale a relucir la “otra cara” amable del astuto político. En su retiro forzado de toda labor gubernativa, conocemos íntimamente a Maquiavelo. Con el apoyo de numerosos textos propios, epistolares, literarios y filosóficos, y la narración de anécdotas, sabemos de su carácter bromista, familiar, mujeriego y ganas de gozar de la buena vida con un talante afable y espontáneo. De igual forma somos testigos de su gran labor erudita y el amor por el estudio y la lectura. Al igual que las grandes personalidades del humanismo imperante en la época, busca la sabiduría en los autores de la Antigüedad, el análisis de la Historia, la experiencia personal y en la observación sistemática, casi científica, de la realidad política, social y psicológica de su tiempo. Con estas disciplinas, unas herramientas novedosas, armonizará su importante legado intelectual.
Las dos apariencias “maquiavélicas” están impregnadas en una atmósfera cargada de escepticismo. El desengaño político (poco antes de morir pudo volver a la vida pública con un cargo de escasa importancia), la poca relevancia de sus escritos por causas espurias, los proyectos desestimados, la decepción de la condición humana y el utópico sueño de una Italia reunida bajo un mismo dominio, le enseñan a ver la comedia de la vida con una actitud resignada llena de tristeza y amargura con sólo el único recurso insumiso de su sonrisa. Dicha sonrisa es el escudo que le protege de los sinsabores y reveses de la fortuna y, además, afianza más su proceder irónico y socarrón.

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