El Mapa y el Territorio

El Mapa y el Territorio

  • ISBN: 9788433975683
  • Título original: El mapa y el territorio
  • Año de publicación: 2011

Puntuación media 57 votos

8 de 10

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Sinopsis y resumen El Mapa y el Territorio

Si Jed Martin, el protagonista de esta novela, tuviera que contarles la historia, quizá comenzase hablándoles de una avería del calentador, un 15 de diciembre. O de su padre, arquitecto conocido y comprometido, con quien pasó a solas muchas noches navideñas.

Evocaría, desde luego, a Olga, una rusa muy bonita, a la que conoce al principio de su carrera en la exposición inaugural de su obra fotográfica, consistente en los mapas de carreteras Michelin. Esto sucede antes de que llegue el éxito mundial con la serie de \"oficios\", retratos de personalidades de todos los sectores (entre ellas el escritor Michel Houellebecq), captados en el ejercicio de su profesión.

También debería referir cómo ayudó al comisario Jasselin a dilucidar un caso criminal atroz, cuya aterradora puesta en escena dejó una impronta duradera en los equipos de la policía. Al final de su vida, Jed alcanzará cierta serenidad y ya sólo emitirá murmullos.

El arte, el dinero, el amor, la relación con el padre, la muerte, el trabajo, Francia convertida en un paraíso turístico son algunos de los temas de esta novela decididamente clásica y abiertamente moderna.

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Buena novela a pesar de todo

El precio de las obras de arte no siempre guarda relación con la calidad. Esta es una conclusión que se deduce de la trama del libro. Otra es que el autor tiene mucho sentido del humor poniéndose a sí mismo entre los personajes de lo que es también una novela negra.

Las obsesiones de Houellebecq se plasman en más de una página y ya son conocidas por sus lectores asiduos, a pesar de que en sus entrevistas diga que esta no tiene nada de autobiográfica (http://www.rtve.es/alacarta/videos/pagina-2/pagina-2-michel-houellebecq/1551620/). Son las mismas que le han convertido en un autor controvertido y, gracias a ello, bastante conocido. No son sin embargo abundantes y quizá por ello la novela no me ha parecido nada mala, al contrario de lo que piensan sus fans habituales, que parecen aplaudir más (o solo) sus incursiones en la novela erótica, donde seguro muestra su lado más polemista.

La calidad no determina el precio de la obra y haciendo un poco de crítica metaliteraria -o, como diría el buen Sancho, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid-, siempre podemos preguntarnos qué hubiera sido de este escritor de no hacer también el papel de transgresor moral para crearse un hueco en el panorama literario. En esta novela nos deja claro que le gusta la sexualidad "libre" que se practica en lugares como Tailandia, la "buena voluntad hacia el erotismo" que manifiestan las mujeres siliconadas y la visión de la prostitución como cualquier otro oficio o artesanía.

Quienes defienden a este escritor suelen compartir sus obsesiones sexuales, e incluso algunos nos lo quieren poner como ejemplo de profundidad intelectual. Se nos dice por ahí que sus libros ponen de manifiesto las incoherencias éticas de nuestra cultura ("su obra resume una época", dice la contraportada). Pero la verdad es que cuando alguien quiere polemizar sobre cuestiones éticas se va a una revista de filosofía, no utiliza sus particulares ocurrencias (si es que no patologías) para intentar vender libros o para hacerse a sí mismo una terapia de justificación moral con la literatura como excusa. Si todo vale ¿por qué los intelectuales critican los programas basura que explotan el morbo? También ellos deben poner de manifiesto las incoherencias de nuestro tiempo; solo es cuestión estética que lo hagan con menos arte y estilo que algunos intelectuales franceses.

El daño que ha hecho el estructuralismo y el relativismo cultural en países europeos y en algunos de habla hispana donde el materialismo cultural ni se ha entendido ni ha calado, se revela ahora en este tipo de intelectualidad que confunde lo que se da con lo que es necesariamente natural y necesariamente bueno y, por ende, su persecución (legal) debe ser la prueba de lo contrario. Houellebecq es, en este sentido, un ejemplo más del asedio a la modernidad. La pederastia y la prostitución no son opciones morales sin causa material que lo explique y los cambios en las legislaciones tienen mucho que ver con los cambios en las condiciones de vida que afectan a las personas. Del mismo modo, las mujeres siliconadas no son un ejemplo de buena voluntad erótica (ni siquiera un buen ejemplo de voluntad) sino un producto más del mercado y la prueba de quien lo domina; en todo caso, serán un ejemplo de la desigualdad infraestructural que todavía persiste.

En esta novela también tiene el autor palabras para sus críticos parisimos a los que considera sin distinción "tontos del culo". Y con la capacidad de argumentar desde el intelecto que demuestran estas palabras, creo que sobra decir nada más. Al buen entendedor, pocas palabras.

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