PLATAFORMA

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  • ISBN: 9788433967664
  • Título original: Plateforme
  • Año de publicación: 2001

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8 de 10

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Sinopsis y resumen PLATAFORMA

«Michel, parisino, funcionario, cuarentón, apocado y apático, incapaz de experimentar ninguna emoción, parte de vacaciones a Tailandia para olvidarse de todo y sumergirse en un paraíso de placer en el oasis del turismo sexual. Allí conoce a Valérie, directiva de "Nouvelles Frontières" y con ella decide crear una red mundial de colonias turísticas en las que el sexo se practique libremente, los deseos estén en venta y la prostitución sea legal. Pero tras el éxito inicial la tragedia se precipita, motivada por integristas de toda laya...»

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Hipocracía, desfachatez y ventas

La iconoclastia puede ser muchas cosas: una genuina actitud de rebeldía frente a lo establecido, una súplica de aceptación social, la forma de prestigiar con un aura de valentía determinadas ideas por oposición a un supuesto sentido común hegemónico. En nuestros tiempos, también puede ser un producto comercial.
A medida que leemos Plataforma podemos olisquear cierta especulación con las ventas que tendrá el libro dentro del creciente espectro de la derecha neoliberal. El viajecito de observación a Cuba, la denigración de las mujeres asiáticas, la sorna contra los derechos humanos o los insultos al Islam son algunos de los beneficios comerciales del producto que Houllebecque ofrece a la nueva derecha. Esa derecha, tan distinta a los viejos buenos conservadores, está muy bien representada por Michel, el protagonista de la novela y alterego del autor. Nuestro galán parisino simplemente quiere disfrutar de los placeres que le ofrece la vida sin sufrir reproches morales, protestas sociales o la mera presencia de todo aquello que pueda atentar contra su bienestar. Practica su moralina amoral entre veladas pornográficas y paisajes turísricos mientras tílda de hipócrita toda perspectiva humanista que reivindique los valores fundantes de las luchas sociales del siglo XX…
Los íconos que el autor pretende derribar -los derechos humanos, la justicia social, el horizonte socialista, la diversidad religiosa, el respeto a la mujer, la preocupación por la naturaleza- son esas pequeñas conquistas culturales que todavía permiten contrapesar un tanto la prepotencia inaudita de un capitalismo hegemónico que avanza sobre los más nimios aspectos de la vida humana. Michael apela a una supuesta honestidad brutal que combina nuevas formas de negacionismo, discriminación y un cinismo desfachatado para justificar –por ejemplo- el turismo sexual, el proxenetismo, la pedofilia y la trata de personas. Hipocresía la hay y mucha, muy particularmente en el progresismo de la social democracia europea, pero parafraseando al aristócrata Rochefoucauld, a veces la hipocresía es un impuesto que el vicio paga a la virtud. La desfachatez, en cambio, es el vicio impune y violento.
Es dable aclarar que la identificación entre las ideas del autor y del personaje es absolutamente evidente y se expresa, por ejemplo, en su ridícula pretensión de convencer al lector de que una imaginaria izquierda pro-islámica controla los medios de comunicación de Francia. Los diarios que, al final de la novela, casi festejan el atentado terrorista en el “Club Afrodita” de Taliandia son la máxima expresión del delirio paranoico de nuestros pequeños fascistas literarios.

En resumen, el libro está bastante mal escrito, no es entretenido, las escenas pornográficas son bastante feas, no impacta demasiado. A su favor podemos destacar algunos giros verdaderamente ingeniosos, una crítica graciosa a ciertos turistas políticamente correctos y, fundamentalmente, una muy buena descripción de cómo piensan las “mayorías silenciosas” de la Europa blanca sometidas al dominio hipócrita del progresismo multicultural, estatiasta, culpogeno, socializante, islamizante y moralizante. Desde luego, a los verdaderos íconos de nuestro tiempo Houllebecque no los cuestiona. El más difundido y pernicioso de los fanatismos imperantes hoy en día nada tiene que ver con el Islam: se trata de la idolatría del Dinero a la que el autor rinde un culto servil y, al parecer, es bien retribuido.

Mi consejo: salvo que tenga un interés por la psicología del resentido, mediocre y desvergonzado europeo prostituyente, no pierda tiempo que hay muchas cosas buenas para leer por allí...

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