EL ARBOL DE LAS BRUJAS

EL ARBOL DE LAS BRUJAS

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Sinopsis y resumen EL ARBOL DE LAS BRUJAS

La Fiesta de las Brujas.
Disimulo. Gatos caminando de puntillas. Sigilo y cautela. Pero, ¿por qué?¿Y para qué? ¡Cómo! ¿Quién? ¡Cuándo! ¿Dónde en verdad empezo todo?
No lo sabéis, ¿no? -Pregunta Carapacho ClavículaMortajosaurio emergiendo de una pila de hojas bajo el Árbol de las Brujas-. ¡En verdad no lo sabéis!
Bueno -le responde Tom el Esqueleto-, hummm... no.
Fue...¿En egipto cuatro mil años atrás, en el aniversario de la gran muerte del sol? ¿O un millón de años antes, junto a las hogueras nocturnas de los hombres de las cavernas? ¿O en la Bretaña Druida al son de Sssss-bummm de la guadaña de Samhain? ¿O entre las brujas, en toda Europa..., multitudes de arpías, de hechiceras, magos, demonios, diablos?
¿O sobre los techos de paris, cuando criaturas extrañas se convertían en piedra y alumbraban las gárgolas de Notre Dame? ¿O en Mexico, en los cementerios desbordntes de velas encendidas y de muñequitos de caramelo en el Día de los Muertos?
¿O dónde?

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¿sabéis?

¿Sabéis....?

Cuando era más joven, mi hermano Sergi tenía este libro en la estantería y yo, pues me había dicho que sus libros no se tocaban, lo cogí sin permiso y lo leí a escondidas...quizá tuviera 12-13 años...y hasta el final me tuvo enganchado...soy un "freak"...sus últimas páginas me marcaron para siempre y me hicieron llorar de emoción. Todavía hoy lo hacen, quizá infantil, quizá no gran literatura...pero leyéndolo, en aquellos años, algo me hizo reflexionar sobre el paso del tiempo...aún hoy lo hace.

Gracias a este libro conocí a Ray Bradbury, empecé a mirar a mis mayores con otros ojos y, pasados los años, siempre vuelvo a él con la misma emoción, respeto y escalofrío como el primer día en qué lo leí. sigue pareciéndome magistral la reflexión de Bradbury sobre el paso del tiempo, sobre la percepción de la "inmortalidad" de cuando somos niños y de cómo, a mi modo de ver, podemos seguir viviendo con emoción, intriga, ilusión cada día que vivimos.

Para mí, que tantos años "prometí" en mi inconsciencia adolescente y juvenil, sólo espero que no se me cobren antes de tiempo y que los que me queden sean la mitad de felices de los que están siendo éstos últimos...



Extracto:

(...)

"Cincuenta momias contra el muro izquierdo. Y cuatro momias esperando en la obscuridad contra el muro del fondo. Ciento cuatro momias secas como polvo, más solitarias que ellos, más solas de lo que ellos pudieran sentirse jamás en la vida, aquí abandonadas, olvidadas, lejos de los ladridos de los perros y de las luciérnagas y de las dulces canciones de los hombres y las guitarras en la noche.

–Caramba –dijo Tom–. Toda esta pobre gente. Oí hablar de ellos.

–¿Cómo?–

Los familiares no pudieron pagar el arrendamiento de las tumbas, y entonces el sepulturero los desenterró y los puso aquí abajo. La tierra es tan seca que los momifica. Y mirad, observad cómo están vestidos.Los chicos miraron y advirtieron que algunas momias viejas vestían ropas de labriegos, o de muchachas campesinas, o trajes obscuros de comerciantes, y hasta había un torero en polvoriento traje de luces. Pero dentro de los trajes todo era huesos frágiles y piel y telas de araña y polvo que caía en sacudidas entre las costillas si uno estornudaba estremeciéndolos.

–¿Qué es eso?

–¿Qué, qué?

–¡Sssst!Todos escucharon.Escudriñaron la larga bóveda.Todas las momias los miraron con ojos vacíos. Todas las momias esperaron con las manos vacías.Alguien estaba llorando en el fondo del recinto largo y obscuro.

–Ahhh... –llegaba el sonido.–Oh... –llegaba el llanto.–iiii... –lloraba la vocecita.

–Es... pero si es Pip. Lo oí llorar una sola vez, pero es él, Pipkin. Y está prisionero allí, en la catacumba.Los chicos miraron.Y vieron, treinta metros más allá, acurrucada en un rincón, atrapada en la parte más distante de la catacumba, una pequeña figura que... se movía.

Se le sacudían los hombros. Agachaba la cabeza y se la cubría con manos trémulas. Y detrás de las manos la boca gemía, asustada.

–¿Pipkin... ?-El llanto cesó.

–¿Eres tu? –susurró Tom.

Una larga pausa, un suspiro tembloroso, y luego:–...sí.

–Cuernos, Pip ¿qué haces aquí?

–¡No sé!

–¿Puedes salir?

–N... no puedo. ¡Tengo miedo!

–Pero, Pip, si te quedas allí...Tom se interrumpió. Pip, pensó, si te quedas, te quedas para siempre. Te quedas con todo el silencio y con los solitarios. Te sumas a la larga hilera y los turistas vienen a mirarte y compran entradas para mirarte un poco más. Tú...

–¡Pip! –dijo Ralph detrás de su máscara–. Tienes que salir.

–No puedo –sollozó Pipkin–. Ellos no me dejarán.

–¿Ellos?

Pero sabían que hablaba de la larga hilera de momias. Para poder salir tendría que abrirse paso entre la doble fila de pesadillas, misterios, terrores, horrores y espectros.

–Ellos no pueden detenerte, Pip.Pip dijo:–Oh, sí, pueden.–... pueden... –repitieron los ecos en lo más profundo de la catacumba.

–Tengo miedo de salir

.–Y nosotros tenemos... –dijo Ralph.Miedo de entrar, pensaron todos.

–Tal vez si eligiésemos un valiente... –dijo Tom, y se interrumpió.Porque Pipkin estaba llorando otra vez, y las momias esperaban y la noche era tan obscura en el largo recinto de la tumba que te hundirías directamente a través del suelo si dabas un paso adelante, y nunca más volverías a moverte. El suelo te tomaría por los tobillos con mármol de huesos sujetándote hasta que el frío glacial te congelase para siempre en una estatua de polvo seco.

–A lo mejor si entramos todos juntos, todos de golpe... –dijo Ralph.Lo intentaron.Como una gran araña de muchas patas, trataron de cruzar juntos la puerta. Dos pasos adelante, un paso atrás. Un paso adelante, dos pasos atrás.

–¡Ahhhhh! –lloró Pipkin.

Los chicos tropezaron unos con otros, y retrocedieron confusamente hasta la puerta, aullando terrores y pavores. Los niños oyeron un alud de dolorosos latidos que les golpeó dentro del pecho.

–Oh, diantre, ¿qué vamos a hacer, él tiene miedo de salir, nosotros miedo de entrar, qué, qué? –gimió Tom.Detrás de ellos, recostado contra la pared, estaba Mortajosario, olvidado. La llamita de una sonrisa titiló y se le extinguió entre los dientes.

–Aquí, muchachos. Salvadlo con esto.

Mortajosario metió la mano en el albornoz negro, y sacó la ya familiar calavera de azúcar blanca, en cuya frente estaba escrito:¡PIPKIN!



–Salvad a Pipkin, chicos. Hagamos un pacto.–¿Con quién?–Conmigo y otros innominados. Aquí la tenéis. Romped esta calavera en ocho deliciosos trocitos, muchachos, y distribuidlos entre vosotros. La P para ti, Tom y la I para ti, Ralph, y la mitad de la otra P para ti, Trampitas, y la otra mitad para ti, J. J., y un pedacito de la K para ti, muchacho, y otro para ti, y aquí están la I y la N final. Tocad los dulces trocitos, hijos. Escuchad. Este es el pacto tenebroso. ¿De verdad queréis que Pipkin viva? -La pregunta provocó un estallido de furiosas protestas, y Mortajosario retrocedió.

Los chicos ladraban como perros sólo porque Mortajosario había preguntado si deseaban que Pipkin viviera.



–Está bien, está bien –los apaciguó–. Veo que sois sinceros. Bueno, entonces ¿cederéis, cada uno de vosotros, el último año de vuestras vidas, muchachos?

–¿Qué? –dijo Tom.

–En serio, muchachos, un año, un precioso año del casi extinguido cabo de vela de vuestras vidas. Un año por cabeza, y podréis rescatar al muerto Pipkin.

–¡Un año! –el susurro, el murmullo, la suma abrumadora corrió entre ellos. Era difícil de comprender. Un año tan remoto en el tiempo no era para nada un año. Los chicos de once o doce ni siquiera pueden imaginarse a hombres de setenta–. ¿Un año? ¿un año?, seguro, ¡por qué no! Si...



–Pensad, muchachos, ¡pensad! Este no es un pacto en el aire, firmado con la Nada. Hablo en serio. Es real y concreto. Es una grave decisión la que tomáis, y un pacto muy serio el que firmáis."Cada uno de vosotros ha de prometer que dará un año. Naturalmente, ahora no echaréis de menos un año, porque sois muy jóvenes, y tanteando vuestras mentes puedo ver que ni siquiera adivináis la situación final. Sólo más tarde, cincuenta años a contar de esta noche, o a sesenta años de este amanecer, cuando se os esté acabando el tiempo y deseéis fervientemente uno o dos días más de sol y felicidad, entonces será cuando el señor D por Destino o el señor H por Huesos os presentarán la cuenta. O acaso venga yo mismo, el viejo Mortajosario en persona, un amigo de los niños, y os diga "pagad". Así que un año prometido es un año perdido. Yo os diré "dad" y vosotros daréis."¿Qué significará esto para cada uno de vosotros? "Significará que aquellos que podrían vivir hasta los setenta y uno tendrán que morir a los setenta. Aquel que podría vivir hasta los ochenta y seis tendrá que despedirse de su sombra a los ochenta y cinco. Esos son muchos años. Un año más o menos no parece gran cosa. Cuando llegue el momento, muchachos, puede que lo lamentéis. Pero podréis decir, este año lo pasé bien, lo di por Pip, se lo presté a la vida para el querido Pipkin, da más hermosa de las manzanas que estuvo a punto de caer del árbol antes de tiempo. Alguno de vosotros a los cuarenta y nueve tendrá que tachar la vida a los cuarenta y ocho. Y algún otro a los cincuenta y cinco, se echará a dormir el Sueño Eterno a los cincuenta y cuatro. ¿Entendéis ahora todo el significado de este pacto, muchachos? ¿Sabéis sumar? ¿Es una aritmética clara? ¡Un año! ¿Quién ofrece trescientos sesenta y cinco días enteros de su propia alma, para rescatar al viejo Pipkin? Pensad, muchachos.Silencio. Luego, hablad.



Hubo un largo silencio meditativo de estudiantes de aritmética haciendo sumas mentales.Y en verdad, sumaron rápidamente. ¡No vacilaron, aunque sabían que con el correr de los años quizá lamentaran esta aterradora precipitación! Y sin embargo ¿qué otra cosa podían hacer? Sólo alejarse a nado de la orilla para salvar al muchacho que se ahogaba antes que se hundiese una última vez en un polvo tenebroso.



–Yo –dijo Tom–. Yo doy un año.

–Y yo –dijo Ralph.

–Yo también entro –dijo Henry–Trampitas.

–¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! –dijeron todos los demás.

–¿Sabéis lo que dais, chicos? Entonces, ¿queréis de veras a Pipkin?

–¡Sí, sí!

–Sea, chicos. Masticad y comed, hijos, comed y masticad.Se metieron en la boca los dulces trocitos de caramelo de calavera.Masticaron. Comieron.

–Tragad obscuridad, entregad vuestro año.



Tragaron con tanto empeño que los ojos les centellearon, los oídos les retumbaron, y los corazones les latieron con fuerza.Tuvieron la sensación de que los pechos y los cuerpos se les abrían como una jaula echando a volar pájaros invisibles. Vieron sin ver los años que habían dado como aladas ofrendas que revolo

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