La lechuza ciega

La lechuza ciega

  • ISBN: 8478446885
  • Título original: Buf-e-Kur

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Sinopsis y resumen La lechuza ciega

La lechuza ciega , obra maestra de la literatura iraní del siglo XX, tuvo que escapar de la censura del Irán anterior a la guerra e imprimirse en India, de forma precaria (una exigua tirada en multicopista), en 1936. En 1941 se publicó por entregas en la revista Iran y hasta años después no fue editada como libro. Supuso un verdadero escándalo en la sociedad iraní, pero contó desde el primer momento con apasionados defensores, entre los que se contaba André Breton. Sadeq Hedayat reproduce en sus páginas el universo alucinado de un fumador de opio que, obsesinado por la imagen de una mujer, se ve inmerso en una realidad ajena, fuera del tiempo y del espacio. Las imágenes creadas por Hedayat, siempre macabras y oníricas, muestran una atormentada e inquietante fascinación por la muerte, muy cercana a las mejores páginas de Poe.

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UN SUEÑO DE OPIO, SURREALISTA Y OSCURO.

Sadeq Hedayat, de carácter furiosamente pesimista, admirador de Kafka y de Poe, y quién, más allá de cualquier tipo de predilección literaria, llegó a concretar un final para su vida, en armonía con su triste ideología, escribió entre otras obras (siendo esta la más conocida) "La lechuza ciega". Se trata de una novela inconexa, pasional, delirante. Tiene fragmentos de excelente poesía; tiene momentos de notable calidad "plástica" o fotográfica. Es claramente surrealista, mezclando constantemente la vigilia con los sueños, y para peor, los sueños y los delirios de un consumidor de opio.

Hay, por ejemplo, personajes que aparecen una y otra vez a lo largo de la novela (de muy corta extensión: unas ciento dieciocho páginas en la edición de "El ojo sin párpado" de la editorial Siruela), pero estos aparecen como podrían aparecer las imágenes producidas por nuestro cerebro bajo un lamentable estado de fiebre (que muchas veces logra un estado similar al de la locura): es decir, los elementos distorsionados (casas en medio de la niebla, de ventanas sin cristales -inconcebibles para ser habitadas por personas-, de formas geométricas extravagantes, como cónicas, por ejemplo), los jirones de niebla, una niebla espesa, que cuelgan de las montañas, de los árboles, de forma "maldita y achaparrada" y que devora todas las cosas; el carnicero, que todos los días, espera la llegada de dos pencos raquíticos, quiénes soportan la carga de dos corderos muertos, de dos cadáveres sangrientos (he averiguado el origen de estas escenas: Hedayat ha sido vegetariano, al parecer), mientras el hombre, elige los cuerpos imaginando las ganancias. La "zorra", a quién el personaje principal, el comedor de opio, el delirante, quién nos narra esta a veces incomprensible (no por lo difícil de su lectura, sino porque pareciera no haber un sentido concreto de fondo - aunque entiendo que esto es surrealismo ¿cierto?) historia, de personajes extraños, casi terroríficos, que se ríen, que se burlan constantemente del desgraciado protagonista, "la zorra" decía, es el móvil principal, el eje de este historia. Por momentos (en la segunda parte) es su esposa, quién lo repudia (no está del todo claro, no se sabe si es un delirio de él o si ciertamente es así) y lo engaña, acostándose con decenas de hombres, pero que a él, a su propio esposo, le niega siquiera un beso. Este personaje, aparece como un vampiro, o un demonio o un ángel, de ojos voluptuosos y arrobadores, rasgados e hipnóticos, que lo atrae y lo repele al mismo tiempo (él mismo no sabe como llamarla, si ángel o demonio lo mismo que no sabe si odiarla o amarla). Esta mujer, enigmática, es a veces la imagen de sus dibujos, a veces una visión a través de la claraboya de su mísero departamento, otras veces su mujer.

La lectura no es difícil, pero al no haber lógica, se hace muchas veces farragosa, y otras, con sus toques de espléndida poesía surrealista, cargada de imágenes poderosas, siniestras, repletas de sangre y oscuridad y de ensueños pesados e incómodos, es, de alguna forma, agradable, aunque el tema mismo no ayude, ya que habla en exceso de la muerte y la enfermedad. No hay luz en esta novela. No hay siquiera un atisbo de vida sana, nunca, de algo positivo, o de esperanza.

Ha sido una extraña experiencia. La he leído en el trabajo, mientras atendía a la gente, con constantes interrupciones, y en el transcurso de una sola mañana. Tal vez, alguien tenga más suerte que yo y pueda admirar más a fondo esta compleja (está llena de símbolos, de imágenes, funestas, como un cuadro pintado por un loco, o un afiebrado o un adicto al opio) novela, tan extraña y cargada, por momentos apasionante y por muchos otros, de incómoda lectura.

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